
Acababa de leer el ultimo post de ese maravilloso blog titulado Ayer y hoy sevillista y me dispuse a hacerle un breve comentario. A medida que escribía me iban saliendo palabras y frases automáticamente, sin pensarlo, como si alguien me fuese dictando el texto.
Con Enrique - hablo de Spencer-, no ocurriría eso. Sería lo más legítimo y justo que se podría hacer por la memoria de uno de los más grandes de nuestra ciudad.
Una calle para Spencer se me ocurrió. ¿Y porqué no?
Ahora que vivimos en una nueva corriente llamada de la memoria histórica, hagamos memoria, pero memoria de nuestra auténtica historia.
Dicen que no hay que confundir el hecho histórico con el hecho pasado. El hecho histórico tiene trascendencia, mientras que el simple hecho pasado no. Lo explico; si una piedra cae hace doscientos años sobre un camino en Sierra Morena, eso es un hecho del pasado sin más. Si la piedra cae, por ejemplo, sobre un carruaje sobre en el que viajaba un monarca y lo mata, estamos ante un hecho histórico.
Sobre la polémica memoria histórica de nuestros días esta pasando algo parecido. Se le están otorgando rango histórico a personajes que no lo merecen porque no han creado historia, al menos historia en nuestra ciudad.
Con Enrique - hablo de Spencer-, no ocurriría eso. Sería lo más legítimo y justo que se podría hacer por la memoria de uno de los más grandes de nuestra ciudad.Trianero de nacimiento, fue la quintaesencia de la escuela sevillana o sevillista (que es lo mismo) del fútbol. La gracia en el juego, el dribling, el regate elevado al máximo explendor, el espectáculo.
Nadie jugó, ni jugará, como él.
Fue el primer internacional andaluz y junto a otras cuatro almas tocadas por la gracia divina de eso de saber tratar la pelota con elegancia y clase, crearon una de las lineas de ataque más sorprendentes y admiradas de la historia futbolística española.
Desde este humilde blog ruego, suplico, e imploro a quien corresponda, una calle para Enrique Gómez Muñoz "Spencer", o mejor aun, una plaza donde los chiquillos se arremolinen corriendo tras una pelota de plástico, de donde saldrá uno, el más listo, con la pelota pegada al pie regateando a todos los demás, y seguro que Spencer, donde quiera que esté, sonreirá.
Desde este humilde blog ruego, suplico, e imploro a quien corresponda, una calle para Enrique Gómez Muñoz "Spencer", o mejor aun, una plaza donde los chiquillos se arremolinen corriendo tras una pelota de plástico, de donde saldrá uno, el más listo, con la pelota pegada al pie regateando a todos los demás, y seguro que Spencer, donde quiera que esté, sonreirá.Y si es en Triana, mejor.

Enero de 1917. En una fría y gélida tarde se jugó en el Campo del Mercantil, único de nuestra región apto para disputar una competición oficial, la segunda edición del Campeonato de Andalucía. La primera fue ganada un año antes por el Español de Cádiz ante el Sevilla.


Comienza el partido. 

Nueva jugada de ataque del Sevilla, ahí está Cruz en el ala izquierda, va a colgar el centro dentro del área, la pone, melé dentro del área, queda la pelota suelta, Lecomteeeeeeeee, gol, gol de Lecomte.Gooooooooooooooooool. El público se vuelve loco e invade el terreno de juego para abrazarse a Lecomte, levantándolo a hombros y paseándolo por todo el campo.







Dejen que les cuente.
La previa del partido duró casi media hora. Paco Gallego en el centro del campo recibió uno a uno los cientos de regalos que le entregaron todas las peñas
El partido fue magnífico y brillante. Empate a tres fue el resultado pero eso es lo de menos.
Jamás vi una despedida parecida. La mayor apoteosis en el adiós.



















