Miles de “touristas” invaden las calles de Sevilla en las que se ven muchas hermosas mujeres enlutadas con la clásica mantilla. Los caballeros con chistera y bombín.
A la hora de la visita a los Sagrarios se intentaba escurrir el bulto evitando los lugares que ocupaban las mesas con las temidas “bandejas” que con las señoras de la aristocracia sevillana al frente repiqueteaban buscando el óvolo.
El conde de Benalúa llegó a Sevilla desde Córdoba a bordo de uno de sus automóviles, empleando sólo cuatro horas en realizar el trayecto.
Trenes especiales llegaban con miles de personas, destacando el famoso tren Botijo con cerca de setecientos “botijistas” procedentes de Madrid.
También llegaba a Sevilla la famosa artista Cleo de Merode, universalmente admirada por su belleza.
El rey Leopoldo de Bélgica seguía de incógnito en Sevilla. Al levantarse tomó un baño de agua fría. A las dos de la tarde almorzó y después dio un paseo por la plaza de San Francisco y por los aledaños de la catedral. Más tarde visitó el parque de María Luisa y la casa de Fígaro regresando al hotel. Poco después volvió a salir a pie, a las cuatro de la tarde, y vio la cofradía del Prendimiento en la esquina de la calle Génova. Vestía un traje ligero de lana de color claro. Con la caída de la noche y de las temperaturas regresó a su hotel.
En el Bazar Lozano un velocípedo para niño costaba 10 ptas. y un revólver sistema Smith sólo 12 ptas. En el Bazar Sevillano se vendían cajas de Aceite Vegetal Mexicano especial para las canas por 10 ptas.
Camas de hierro, latón y “nikeladas” en talleres Pérez Cobián. Teléfono número 75 y 83.
Los horarios de las oficinas y centros públicos eran:
Hacienda; de 11 de la mañana a 5 de la tarde.
Aduana; de 10 de la mañana a 2 de la tarde.
Juzgados; de 11 de la mañana a 4 de la tarde.
Diputación; de 11 de la mañana a 5 de la tarde.
Muelle; de sol a sol.
Como cada año el lucimiento acompañó a las cofradías, si bien la desmesura se prodigó en demasía; ciertos pasos fueron bailados al son de pasodobles y algunos cofrades con la cara descubierta bebían ostensiblemente en las filas.
Se preparaba la feria de abril y la exposición de ganados en el Huerto de la Mariana. También se inauguraba en los jardines de Eslava una exposición de industrias locales.
Fuentes y Bombita se anunciaban en el cartel del Domingo de Resurrección.
A la hora de la visita a los Sagrarios se intentaba escurrir el bulto evitando los lugares que ocupaban las mesas con las temidas “bandejas” que con las señoras de la aristocracia sevillana al frente repiqueteaban buscando el óvolo.
El conde de Benalúa llegó a Sevilla desde Córdoba a bordo de uno de sus automóviles, empleando sólo cuatro horas en realizar el trayecto.
Trenes especiales llegaban con miles de personas, destacando el famoso tren Botijo con cerca de setecientos “botijistas” procedentes de Madrid.
También llegaba a Sevilla la famosa artista Cleo de Merode, universalmente admirada por su belleza.
El rey Leopoldo de Bélgica seguía de incógnito en Sevilla. Al levantarse tomó un baño de agua fría. A las dos de la tarde almorzó y después dio un paseo por la plaza de San Francisco y por los aledaños de la catedral. Más tarde visitó el parque de María Luisa y la casa de Fígaro regresando al hotel. Poco después volvió a salir a pie, a las cuatro de la tarde, y vio la cofradía del Prendimiento en la esquina de la calle Génova. Vestía un traje ligero de lana de color claro. Con la caída de la noche y de las temperaturas regresó a su hotel.
En el Bazar Lozano un velocípedo para niño costaba 10 ptas. y un revólver sistema Smith sólo 12 ptas. En el Bazar Sevillano se vendían cajas de Aceite Vegetal Mexicano especial para las canas por 10 ptas.
Camas de hierro, latón y “nikeladas” en talleres Pérez Cobián. Teléfono número 75 y 83.
Los horarios de las oficinas y centros públicos eran:
Hacienda; de 11 de la mañana a 5 de la tarde.
Aduana; de 10 de la mañana a 2 de la tarde.
Juzgados; de 11 de la mañana a 4 de la tarde.
Diputación; de 11 de la mañana a 5 de la tarde.
Muelle; de sol a sol.
Como cada año el lucimiento acompañó a las cofradías, si bien la desmesura se prodigó en demasía; ciertos pasos fueron bailados al son de pasodobles y algunos cofrades con la cara descubierta bebían ostensiblemente en las filas.
Se preparaba la feria de abril y la exposición de ganados en el Huerto de la Mariana. También se inauguraba en los jardines de Eslava una exposición de industrias locales.
Fuentes y Bombita se anunciaban en el cartel del Domingo de Resurrección.
VIERNES SANTO (MADRUGADA)

El Silencio.
La Macarena.
El Calvario.
La Esperanza de Triana.
Los Gitanos.
La Carretería.
La Soledad de San Buenaventura.
El Cachorro de Triana.
La O de Triana.
San Isidoro.
Monserrat.
La Mortaja.
Expiración del Museo.
La Soledad de San Lorenzo.
Un año más se cumplía el ritual. La fiesta grande de Sevilla llegaba a su fin. Todos contentos. Unos habrían hecho protestación pública de su fe, otros quedarían deslumbrados ante la imaginación de una increíble obra teatral con una puesta en escena indescriptible. Los ricos abandonarían sus palcos para volver a su riqueza, los pobres volverían a su miseria y el sector servicios volvería a llenar sus arcas. Llegarían los festejos taurinos y la feria. El carrusel de la primavera sevillana no podía parar. Mientras tanto, en los salones del Centro Mercantil de la calle Sierpes, un grupo de jóvenes seguían dándole vueltas, entre paso y paso, entre fiesta y fiesta, a una pasión desenfrenada por un novedoso sport que se convertiría en una realidad organizada meses más tarde.

Desde la aparición, lo mismo es pura coincidencia, de este individuo por el CIHEFE la línea editorial de Cuadernos de Fútbol ha variado su rumbo, permitiendo la inserción de artículos cargados de malas intenciones, supurando verdes bilis por cada línea y tolerando la manipulación, la amputación de pruebas para encajarlas en intereses cegados por la rivalidad y el desahogo más infame. 


