martes, 9 de noviembre de 2010

El túnel de San Bernardo


Los que me conocen saben que no uso móvil. Tampoco reloj. Para mí, en los tiempos que corren eso no es un hándicap, es más bien una liberación. Y aunque no lo crean siempre llego a tiempo a todas partes y estoy al tanto de todo lo que me interesa. Háganme caso, es más cómodo y menos estresante.
Como lo es también ir al “Coliseo Sevillista” en metro. Te evitas el soportar los eternos atascos de esta ciudad llamada de las personas…
En el metropolitano hispalense, o en el cachito de metro que tenemos, te encuentras camino de Nervión desde un tipo raro llamado José Manuel hasta un talibán de las ondas de nombre Jesús.
Son momentos –esos de discurrir bajo tierra camino del Sánchez-Pizjuán- que me traen a la memoria la nostalgia de un tiempo pasado, de granos en la cara, impermeable azul con gorro de boina y camaradas que compartíamos un “Goya” o “UnX2” .Cualquiera sabe por dónde andarán los amigos de esa aventura llamada adolescencia.

Porque hace más de treinta años ya usábamos un túnel para llegar a Nervión.

Algunos al leerme estarán recordando con añoranza, otros se sorprenderán, pero sí, antes recorríamos un túnel para embriagarnos de las esencias del Eterno Campeón de Andalucía.
Desde Triana para ir a ver a nuestro Sevilla teníamos dos alternativas. Si hacía buen tiempo íbamos andando; Puente, Adriano, Catedral, Mateos Gago, Fabiola, Puerta la Carne, Puente de San Bernardo y Eduardo Dato. Los días de lluvia tomábamos el autobús de la línea 6 (¿o era el 7?) que nos dejaba en Menéndez y Pelayo delante de los juzgados. Buscábamos entonces la estación de Cádiz para transitar por el desaparecido túnel de San Bernardo, un pasadizo subterráneo que atravesaba el tendido del ferrocarril y que comunicaba la calle San Bernardo con la glorieta de acceso a la estación. De allí seguíamos por las estrechas calles del barrio de los toreros hasta la tapia de la Buhaira y de ahí a Eduardo Dato.
No he corrido más -ni más rápido- en mi vida, que por aquel angosto túnel de apenas dos metros de ancho por dos de alto, siempre mal iluminado y sucio, que nuestra mente quinceañera asemejaba a un pasadizo secreto de leyendas de otros tiempos. Siempre nos pasaba igual, cuando estábamos a mitad del túnel mirábamos hacia atrás y veíamos a contraluz la figura distorsionada de cualquier otro usuario del túnel, como un fantasma que nos perseguía…y pies para que os quiero. Nos aterrorizaba y nos encantaba. ¡Qué bien nos lo pasábamos!
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La construcción del tendido ferroviario en el S.XIX dejó al barrio de San Bernardo
aislado y con serios problemas de comunicación con el resto de la ciudad . Unas fuertes y justificadas quejas vecinales en 1861 , motivaron las construcción de un túnel subterráneo que comunicaba la calle San Bernardo con la Avenida de Cádiz.

A continuación vemos distintos planos de finales del S.XIX y principios del S.XX donde se recoge la situación del túnel.

1º.-Plano de Juan Talavera de 1890.
2º.-Plano de Antonio Padura y Manuel Vega de 1891.

3.- Plano de Ángel Pulido de 1902.

4º.- Plano de los años veinte. Al igual que los anteriores obtenidos de la web de la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Sevilla.

Y ahora sobre fotos actuales:


La salida del túnel daba al lateral de un colegio en la calle San Bernardo.


Lugar de atracos, desde siempre, motivó innumerables quejas en los vecinos de la zona y así, la prensa de 1933 se hace eco del lugar por los despropósitos que en él ocurrían.

Y además, tras las arriadas se volvía intransitable.

Pero no quita para que lo mantengamos en el recuerdo de los que lo conocimos. El túnel más transitado por el sevillimo; para acudir desde San Bernardo al Mercantil, y desde el centro o Triana al Nervión o al Sánchez-Pizjuán.

Un pedacito de nuestra historia.

¿Y usted, amable lector, se acuerda de él?

4 comentarios:

Carlos Romero dijo...

Posí, yo me acuerdo.

Usted como Spencer no lleva móvil y poca falta que le hace.

Gran post que remueve esos años de la niñez.

ayer y hoy sevillista dijo...

Yo lo usaba completamente acojonado. Tiempos de ir siempre siempre andando al futbol, con mi hermano, con la pandilla de colegas del instituto, Jorge, Fermín, y algunos otros que no recuerdo. Lo malo de patear Sevilla por causa del fútbol no estaba en la ida, siempre ilusionante, sino en la vuelta. Esos miércoles de copa con prórroga y penalties, recuerdo uno contra la Balompédica Linense, creo, con gol decisivo de Enrique Montero. Te acostabas a las tantas, y al día siguiente, tempranito al cole. Buenos tiempos. Gracias Antonio.

Angel dijo...

Diooosss que si me acuerdo y lo mio era de pasar a diario.Y cierto es lo de correr como gamos cuando la noche llegaba jajaja.
Gran post,si Señor.

cornelio dijo...

¡Qué bonito!

Muchas veces he cruzado ese túnel.

El cordón que unía la Sevilla de siempre con la nueva avenida del espectáculo.

Pero eso ya nos lo había contado.